miércoles, 13 de febrero de 2013

Un suspiro, sabor a nada.



¿Escuchaste lo que dijo? le pregunte al oído, a lo que el me contesto: Todos los días es lo mismo, siempre salimos a la misma hora, siempre caminamos por el mismo callejón, siempre me preguntas si pude escuchar lo que te dijo, se detuvo a la mitad del callejón y me miro con algo que interprete como una mezcla de lastima y tristeza, me tomo de la cara y dijo: Y siempre mi querida Violeta te digo que no he escuchado absolutamente nada, soltó mi rostro y se alejó un poco irritado, tratando de no alzar la voz se encargo de decir que estaba cansado de lo que estaba pasando, pensó que en algún momento, después de que pasara un poco de tiempo yo podría dejar de escuchar esa voz, interpretando de alguna forma que era la manera de llorar mi perdida, pero después de un año llevando la misma rutina descubrió que el dolor no pasaría. Él se resistía a llevarme con un especialista diciendo que el amor y la comprensión lo cura todo pero esta vez mi hermano se equivocaba, yo jamás superaría la muerte de mi amado, sobre todo cuando su suicidio fue en aquel callejón, nunca logre llorar al verlo colgado frente a mi, la única reacción que tuve ante él fue un enorme suspiro, nunca pude entender si mi suspiro fue de tranquilidad, desesperación o tristeza,  jamás supe lo que significo y el no llorarle ni entonces, ni un año después. Mire a mi hermano y lo note con tanta desesperación y con lágrimas en sus ojos y le pregunte ¿Qué se siente llorar? Su mirada al hacerle esa pregunta tan ilógica para el, pero tan importante para mi fue desconcertante, me miro y dijo deberías intentarlo. Me sentí tan sorprendida al escuchar lo que dijo que lo único que se me ocurrió fue gritarle ¡me mentiste! Todo este tiempo solo me has mentido, haciéndome creer que estoy loca por preguntarte si has escuchado lo que dijo, si no de que otra forma sabrías que todos los días que hemos pasado por aquí es lo que él me dice. Frunció el ceño y en cuestión de segundos transformo su cara a pánico, me tomo de la mano y corrimos para salir del callejón, mientras el solo gritaba que nos iríamos de la ciudad y jamás regresaríamos, no es que tu no sientas decía, él se llevo tu alma con su muerte y pretende que lo alcances. Y entonces pude entender que mi suspiro, sabor a nada fue cuando mi alma abandono mi cuerpo.

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