Para efectos de entendimiento
para las siguientes líneas, es necesario que ustedes sepan que yo no viajo en
metro, no es porque sea payasa y ande paseando por la ciudad en carro, no, ese no es mi caso, en realidad el metro
me da miedo, pánico, terror diría yo, tanta gente reunida a miles de metros
bajo tierra, en ningún mundo podría acabar bien.
Imagínense un día saliendo de
casa y decidiendo que es un buen día para tomar el metro y justo en ese momento
hubiera un desastre natural en el que todas las salidas del metro resultaran
clausuradas por escombros, si ya se, seguro dirán que el metro es el lugar más
seguro en el mundo para refugiarse, pero imaginen que en ese mismo momento, con
las salidas clausuradas un loco decidió poner una bomba justo en esa estación….
Exacto moriríamos!
En fin, esa es la razón por la
que le tengo pavor al metro, por lo mismo, al preferir otras rutas de
transporte lógicamente no se usarlo, así que me guíe por lo más lógico, para mi
por supuesto y esa lógica implicaba seguir los letreros, flechas o signos que
me dirigieran hacia mi destino, sin entrar en pánico.
Esta semana fui citada a un
llamado de grabación en una colonia que no conocía y los compañeros de trabaja
que estarían ahí vivían muy cerca, así que mi compañero Paquito me hizo el
favor de pasar por mi a la estación General Anaya, si Paquito es muy buena
persona, mi problema era como llegaría a esa bendita estación y aquí empieza mi
tortura.
Eduardo (el profesor) dijo, y
cito: “deben salir de su área de confort y probar cosas nuevas, vivan la
experiencia, siéntanla con cada poro de su cuerpo”, ok tal vez exagere un poco,
el punto era vivir experiencias que en la vida imaginaríamos que pasaríamos y
la mía fue viajar sola en metro, sin ayuda y guiada por las señales del mismo
(aquí seria bueno que imaginen mi tono de sarcasmo).
No, definitivamente no fue una
experiencia agradable, en primer lugar, aunque debo confesar que hice un poco
de trampa, utilice el metrobus hasta donde se pudo y tome el metro en
insurgentes sur, claro la mimada agarro la línea mas nueva y solo unas 4
estaciones hacia donde tenia que transbordar, aun así, entre en pánico por el simple hecho de entrar y
trasbordar, leyeron bien, transbordar, soy muy valiente.
Todo iba bien al entrar, seguí la
ruta hacia Tláhuac, entre al vagón y me di cuenta que algo estaba mal, yo iba
en la dirección equivocada, las estaciones hacia donde tendría que ir no eran
las correctas, por lo menos no en la imagen que se encuentra arriba de las
puertas, respire, tratando de calmare y no entrar en pánico, me baje en la
siguiente estación, guiada por la lógica cruce hacia el otro lado para ir de
regreso.
Al entrar en el siguiente metro
me di cuenta que de nuevo iba mal, si, efectivamente en este vagón las
estaciones si estaban en el orden correcto, iban en la dirección que por lógica
deben de ir, volví a respirar, me volví a bajar y volví a cruzarme para tomar
el tren que había tomado originalmente.
Por fin llegue a Ermita, en donde
tendría que transbordar y de ahí mi camino fue fácil, solo seguía flechas y
direcciones, tome el siguiente metro que para mi fortuna ya iba por la parte de
arriba, ya no estaba miles de metros bajo tierra y ahí, ahí fue en donde
agradecí a todos los Dioses el que me hicieran llegar con bien a mi destino.
No soy una persona perfeccionista
y puede sonar muy exagerado el que yo entrara en crisis existencial o
considerara un logro personal solo tomar 4 estaciones del metro, sin embargo
soy una persona que se guía por las cosas que llevan un patrón, porque a mi
parecer todo debe de llevar un orden para que el mundo funcione.
Viví esta experiencia con cada
sentido activado, tal vez por el miedo, aún así sólo confirmó mis miedos, no
conforme con que estás en un lugar sin salida y rodeado de millones de personas
las indicaciones no están colocadas correctamente, esta ciudad y su perfección
me impresionan cada vez más.

