viernes, 17 de julio de 2015

Metroexperiencia


Para efectos de entendimiento para las siguientes líneas, es necesario que ustedes sepan que yo no viajo en metro, no es porque sea payasa y ande paseando por la ciudad en carro, no,  ese no es mi caso, en realidad el metro me da miedo, pánico, terror diría yo, tanta gente reunida a miles de metros bajo tierra, en ningún mundo podría acabar bien.
Imagínense un día saliendo de casa y decidiendo que es un buen día para tomar el metro y justo en ese momento hubiera un desastre natural en el que todas las salidas del metro resultaran clausuradas por escombros, si ya se, seguro dirán que el metro es el lugar más seguro en el mundo para refugiarse, pero imaginen que en ese mismo momento, con las salidas clausuradas un loco decidió poner una bomba justo en esa estación…. Exacto moriríamos!
En fin, esa es la razón por la que le tengo pavor al metro, por lo mismo, al preferir otras rutas de transporte lógicamente no se usarlo, así que me guíe por lo más lógico, para mi por supuesto y esa lógica implicaba seguir los letreros, flechas o signos que me dirigieran hacia mi destino, sin entrar en pánico.
Esta semana fui citada a un llamado de grabación en una colonia que no conocía y los compañeros de trabaja que estarían ahí vivían muy cerca, así que mi compañero Paquito me hizo el favor de pasar por mi a la estación General Anaya, si Paquito es muy buena persona, mi problema era como llegaría a esa bendita estación y aquí empieza mi tortura.
Eduardo (el profesor) dijo, y cito: “deben salir de su área de confort y probar cosas nuevas, vivan la experiencia, siéntanla con cada poro de su cuerpo”, ok tal vez exagere un poco, el punto era vivir experiencias que en la vida imaginaríamos que pasaríamos y la mía fue viajar sola en metro, sin ayuda y guiada por las señales del mismo (aquí seria bueno que imaginen mi tono de sarcasmo).
No, definitivamente no fue una experiencia agradable, en primer lugar, aunque debo confesar que hice un poco de trampa, utilice el metrobus hasta donde se pudo y tome el metro en insurgentes sur, claro la mimada agarro la línea mas nueva y solo unas 4 estaciones hacia donde tenia que transbordar, aun así, entre en pánico  por el simple hecho de entrar y trasbordar, leyeron bien, transbordar, soy muy valiente.
Todo iba bien al entrar, seguí la ruta hacia Tláhuac, entre al vagón y me di cuenta que algo estaba mal, yo iba en la dirección equivocada, las estaciones hacia donde tendría que ir no eran las correctas, por lo menos no en la imagen que se encuentra arriba de las puertas, respire, tratando de calmare y no entrar en pánico, me baje en la siguiente estación, guiada por la lógica cruce hacia el otro lado para ir de regreso.
Al entrar en el siguiente metro me di cuenta que de nuevo iba mal, si, efectivamente en este vagón las estaciones si estaban en el orden correcto, iban en la dirección que por lógica deben de ir, volví a respirar, me volví a bajar y volví a cruzarme para tomar el tren que había tomado originalmente.
Por fin llegue a Ermita, en donde tendría que transbordar y de ahí mi camino fue fácil, solo seguía flechas y direcciones, tome el siguiente metro que para mi fortuna ya iba por la parte de arriba, ya no estaba miles de metros bajo tierra y ahí, ahí fue en donde agradecí a todos los Dioses el que me hicieran llegar con bien a mi destino.
No soy una persona perfeccionista y puede sonar muy exagerado el que yo entrara en crisis existencial o considerara un logro personal solo tomar 4 estaciones del metro, sin embargo soy una persona que se guía por las cosas que llevan un patrón, porque a mi parecer todo debe de llevar un orden para que el mundo funcione.
Viví esta experiencia con cada sentido activado, tal vez por el miedo, aún así sólo confirmó mis miedos, no conforme con que estás en un lugar sin salida y rodeado de millones de personas las indicaciones no están colocadas correctamente, esta ciudad y su perfección me impresionan cada vez más.

jueves, 16 de julio de 2015

Comparando el periodismo


Cuando tenia 11 años recuerdo que mi padre me hablo sobre una conversación que tuvo camino a su trabajo con un reportero, el le platicaba su inquietud y asombro al mismo tiempo sobre que algún día los periódicos serian reemplazados en su forma física para trasladarse a la era digital, por supuesto fue motivo de burlas según lo que mi padre me contó.
Sin embargo en esta pequeña comparación podemos observar que lo que el decía era tan cierto y tan cercano que ahora lo vemos como algo normal, sin embargo la parte en la que desaparecerían los periódicos impresos aún está fuera de esa realidad, tal vez deberíamos temer en el momento en el que el periodismo digital logre reemplazar cada sentimiento que un periódico impreso logra transmitirte desde el momento en el que lo tomas en tus manos.


Periodismo análogo
Periodismo digital
Información más desarrollada
La nota puede ser leída el mismo día de su redacción.
El lector puede tener una opinión de la nota sin embargo no puede tener interacción con el redactor.
Hay interactividad con el lector (el lector puede comentar sobre la nota)
Podría decirse que la nota es confiable, el reportero ha investigado los hechos y ha redactado conforme a la experiencia obtenida.  (depende del reportero)
Por las herramientas que nos facilita Internet, cualquiera a estas alturas se siente periodista, no sabemos si la información es confiable o si se realizo una investigación adecuada. (puede ser una nota creada de varias fuentes recopiladas).
El lector se entera de la noticia un día después de lo sucedido
El lector se entera de la nota el mismo día de los hechos


martes, 7 de julio de 2015

Infancia virtual


Quien no recuerda cuando llegabas de la escuela y te apresurabas a hacer tu tarea, porque era la única condición para dejarte salir a jugar hasta que el sol se metiera, para después escuchar el grito de tu madre para que entraras a bañarte y alistar tus cosas para el día siguiente.
Cómo olvidar que las horas se pasaban volando cuando jugabas escondidillas, burro castigado, policías y ladrones e incluso solo te reunías para contar las historias mas terroríficas que salían de tu imaginación en aquella edad de inocencia, a los 9 años.
Hace unas semanas asistí a una fiesta infantil, había un inflable, unos columpios montados, un pequeño patio con una resbaladilla y una cama elástica, para los más grandes, las edades de los niños rondaban entre los 8 y 10 años. Para mi sorpresa los juegos solo se utilizaron por dos pequeños asistentes de 3 años a los que por cierto los llevaban los padres a jugar, durante unos minutos antes de ponerles enfrente al salvador de todo padre moderno, la tableta que les transmitía una película, los más grandes desde su llegada no despegaron la mirada de sus celulares con la mejor de las tecnologías, claramente con las aplicaciones más actuales y los mejores juegos de video.
Con esto no quiere decir que me encuentre en contra de la tecnología, estamos en un mundo que se actualiza a cada minuto y debemos adaptarnos o quedarnos en el olvido, me parece que son herramientas que pueden ser un apoyo de aprendizaje e incluso de distracción, sin embargo el abuso de estos aparatos hace conformistas a los padres, y te has preguntado entonces ¿quién esta educando a tus hijos?.
Al paso que vamos llegaremos a inventar padres virtuales, es más sencillo que un niño le crea mas a una maquina con la que pasa la mayor parte de su día, Internet es una herramienta fabulosa en donde puedes encontrar casi cualquier respuesta, pero si no la sabemos usar es una trampa mortal, sobre todo para niños a esa edad de imitación y definición de identidad.
Tengo una imagen no tan alejada de la realidad en mi cabeza rondando desde ese día y pienso que a estas alturas es muy probable que nuestros hijos lleguen a diseñar su propia área de juegos, sin siquiera salir de su casa, un lugar que a conveniencia de un padre será seguro, sin embargo limitaremos a las pequeñas personas a no tener roce siquiera con la naturaleza, todo lo tendrá apretando un botón, o con un comando de voz, ¿qué tipo de mundo queremos para nuestros futuros hijos? ó será necesario también llegar al grado de crear hijos virtuales para quitarnos de preocupaciones.